
—¿Traicionar un deber sagrado? ¿Cómo podría hacerlo?
—Es por tu bien, Ismael. Verás el plan: tú y tu grupo estropeáis las válvulas, y la planta de agua deja de funcionar. Toda la isla se ve dominada por el pánico. Grupos de mantenimiento, formados por humanos, bajan a ver qué ha ocurrido, pero en cuanto limpian las válvulas, vosotros volvéis y las atascáis de nuevo. Hay que traer aprovisionamiento de agua de emergencia a St. Croix. Eso llamará la atención del público hacia el hecho de que esta isla depende del trabajo de los delfines… ¡Delfines explotados y mal pagados! Y durante esa crisis, nosotros nos encargamos de contar vuestra historia al mundo. Todos los seres humanos gritarán al conocer el modo ultrajante en que se os trata.
Evité decir que yo no me sentía ultrajado en absoluto. En cambio, contesté con astucia.
—Podría haber cierto peligro para mí.
—¡Tonterías!
—Me preguntarán por qué no he limpiado las válvulas. Es responsabilidad mía. Habrá problemas.
Durante un rato, discutimos el punto. Luego, dijo el técnico:
—Mira, Ismael, sabemos que hay algunos riesgos. Pero estamos dispuestos a ofrecerte una paga extra si te encargas del trabajo.
—¿Cómo por ejemplo?
—Cintas de información. Te conseguiremos todo cuanto quieras saber. Sé que te interesas por la literatura. Teatro, poesía, novela, todas esas cosas. Te daremos toda la literatura que desees, a manos llenas, si nos ayudas.
Tuve que admirar su sagacidad. Sabían motivarme.
—Trato hecho —dije.
—Dinos qué prefieres leer.
—Cualquier cosa sobre el amor.
¿Amor?
—Amor. Entre hombre y mujer. Tráiganme poemas de amor. Historias de amantes famosos. Descripciones del acto sexual. Quiero entender todas esas cosas.
—Quiere el Kama Sutra —dijo el de la izquierda.
—Entonces le traeremos el Kama Sutra —accedió el de la derecha.
