Aprendí por primera vez el significado de los celos cuando la vi corriendo por la playa del brazo del doctor Madison, el encargado de la planta de energía. Conocí la cólera cuando oí las observaciones lascivas y groseras de los machos humanos al paso de Lisabeth. Mi fascinación por ella me llevó a explorar muchas vías de la experiencia humana. No me atrevía a hablar de tales cosas con ella, pero, por otras personas de la base, que en ocasiones hablaban conmigo, conocí ciertos aspectos del fenómeno que los humanos llaman «amor». Asimismo, obtuve aclaraciones sobre las palabras groseras que decían los machos a sus espaldas. La mayoría de ellas estaban relacionadas con su deseo de aparearse con Lisabeth (al parecer, sobre una base temporal), pero también había descripciones muy entusiastas de sus glándulas mamarias (¿por qué serán los humanos tan agresivamente aficionados a ellas?), e incluso del área redondeada de la espalda, justo sobre el lugar en que el cuerpo se divide en los dos miembros inferiores. Confieso que también a mí me fascina esa región. ¡Parece tan extraordinario que un cuerpo se divida así a la mitad!

Nunca declaré explícitamente mis sentimientos hacia Lisabeth. Intenté llevarla lentamente a la comprensión de que la amaba. Una vez llegara a esa comprensión, me dije, empezaríamos a planear alguna especie de futuro para seguir juntos.

¡Qué idiota!

Apartado 3: La conspiración

La voz de un macho dijo:

—¿Cómo diablos vas a sobornar a un delfín?

Y una voz distinta, más profunda, más educada, contestó:

—Déjamelo a mí.

—¿Qué le darás? ¿Diez latas de sardinas?

—Éste es especial. Peculiar incluso. Muy erudito. Aun así nos haremos con él.

No sabían que podía oírles. Nadaba junto a la superficie, en un tanque de descanso, entre mis turnos de servicio. Nuestro oído es muy agudo, y ambos estaban a mi alcance. Inmediatamente comprendí que allí había algo raro, pero mantuve mi posición, simulando no haberme enterado de nada.



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